Problemas cotidianos. Soluciones simples.

Ser ama de casa implica un reto de naturaleza diversa…

Grrrrrrrrr!!!!!!!! Oooooodio cocinaaaaarrr!!!!!

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Personalmente, me encanta la cocina. Es un aspecto creativo de esta “profesión”, donde no sólo entra en juego lo que las abuelas denominaban “la buena cuchara”, sino que además requiere de paciencia para aprender algunos secretillos y mucho ingenio para hacer cosas nuevas con los mismos “materiales” de siempre.

Sin embargo, si es usted una de esas amas de casa que siente el acto de cocinar como un verdadero sacrificio diario, he aquí algunos consejos:

1- Dedíquese a preparar las comidas cuando esté sola.

Sé que esto podría llegar a parecerle un completo contrasentido a una “verdadera” ama de casa, ya que normalmente intentamos tomarnos un pequeño descanso cuando por casualidad conseguimos quedar solas en casa. ¡Y ese es exactamente el truco!

La propuesta es convertir el momento de cocinar en un momento silencioso, a solas, reflexivo. Cuando hay tres niños brincando en los muebles (o uno solo de los que cuentan por tres) y hay que correr a llamarles la atención cada cinco minutos, es difícil concentrarnos en la cocina, y ello puede llevar a que encontremos ese momento particularmente desagradable.

Sin mencionar que, cuando tenemos que abandonar constantemente la salsa para ir a hacer otras cosas, el resultado puede ser un pegoste que nadie quiera comerse, y ello puede hacer la situación aun más frustrante.

2- Reduce. Reuse. Recicle.

¡Así es! Las tres “R” tanbién se aplican a la cocina.

Si le disgusta demasiado cocinar y prefiere hacerlo sólo cuando se vuelve inevitable, trate de sacar el mayor provecho de los alimentos que ya preparó, haciendo con ellos nuevas combinaciones. Un arroz blanco puede convertirse en un nuevo platillo si lo saltea con algunos trozos de carne sobrantes de otra comida. Unos vegetales cocidos al vapor que fueron gravemente despreciados por los niños, pueden fácilmente mezclarse con una salsa preparada a base del caldo en que se coció carne o pollo y darles un nuevo aire. Un resto de carne suave puede procesarse en un picador y usarse para preparar un delicioso sandwich con lechuga y tomate.

¡Todo es cuestión de usar su ingenio! Esto le ahorrará tiempo en la cocina y de paso contribuye con la economía del hogar, además de permitir un respiro al planeta al reducir las horas de uso de los aparatos eléctricos.

3- Evite experiencias frustrantes.

No cocine lo que ya sabe que ninguno de sus comensales se va a comer, y que se quedará en el refrigerador hasta enmohecer, ya que eso sólo le recordará constantemente lo mucho que le disgusta la cocina. Haga pequeñas porciones cuando se trate de platillos nuevos, y si después de hacer la prueba lo considera necesario, cocine una porción más abundante para la siguiente vez. Evite las recetas nuevas justo cuando tenga visitas, ya que eso le llevará inevitablemente a preparar porciones más grandes de alimentos aún desconocidos.

4- Elimine factores molestos a la hora de cocinar.

No cocine cuando está muerta de hambre, ya que eso eliminará la diversión y usted sólo sentirá la necesidad imperiosa y urgente de terminar a como dé lugar, sin preocuparse mucho por el resultado. Si le disgusta que sus manos adquieran los olores de ciertos alimentos, use guantes desechables en todo momento, o simplemente programe tener un par de éstos a mano cuando va a preparar comidas que impliquen contacto con esos alimentos que le desagradan. En la medida de lo posible, mantenga la cocina ordenada y limpia todo el tiempo, en especial después de cocinar, ya que intentar preparar una comida en medio de un desastre de sartenes, o dejar la cocina como una zona de combate luego de terminar puede resultar muy desestimulante.

5- Cocine sus alimentos favoritos en nuevas formas.

Si le encantan las zanahorias y la albahaca, busque nuevas recetas en internet, con amigas o en los libros, y prepare nuevos platillos con ellas. Pruebe a mezclarlas con esos alimentos que siempre evita cocinar, para hacer más interesante y agradable el momento de acercarse a aquéllo que tanto le disgusta.

6- Convierta los condimentos naturales en sus mejores amigos.

Una de las razones por las que puede que a usted no le guste cocinar, o no le guste lo que usted misma cocina, es que “siempre sabe igual” o usted ya sabe de antemano cuál será el sabor de la preparación. Una buena forma de evitar esto es tener siempre a la mano condimentos naturales, con los que pueda sorprender y sorprenderse. Los condimentos preparados industrialmente, las sopas deshidratadas, consomés y otro tipo de “ayudantes” comerciales, tienen buen sabor, pero se preparan siempre con la misma fórmula, tienden a tener grandes cantidades de sal y, lo peor de todo, guardan mucha similitud de sabor entre ellos. Pruebe a dejarlos por completo, usarlos en pequeñas cantidades o mezclarlos con condimentos naturales y hierbas  como ajo, orégano, perejil, tomillo, albahaca, eneldo, nuez moscada o las que quiera. De nuevo, aquí de lo que se trata es de que, mezclando un par de hierbas, o quitando una que siempre utilizamos, se logren nuevos sabores que agraden y sorprendan a quienes van a comer.

7- La ayuda: el consejo por excelencia.

Si usted ya intentó, ya trató, ya hizo su mejor esfuerzo por comprender este complicado asunto de cocinar, y no le valió de nada; o si luego de leer estas ideas, sigue creyendo que cocinar es una $###%@?, siempre queda el recurso por excelencia, el que nunca falla: pedir ayuda.

Tome un curso de cocina donde le enseñen paso a paso, en vivo y a todo color cómo se hace una salsa blanca. Pida a alguna amiga que cocine muy bien y esté dispuesta, que venga a casa y le enseñe algún secretillo. Métase de nuevo en la cocina de mamá o la abuela simplemente a ver y preguntar. Haga más salidas a casas de amigos y familiares para evitarse algunos tiempos de comida, y así descansar de su martirio.

Y, si su pareja e hijos se animan, o si con suerte alguno tiene dotes para este arte, entonces suplique, implore, insinúe u obligue (con tacto siempre) a que alguien más haga la cena algunas veces, las más posibles dependiendo de cuánto odio sienta usted por esta tarea. Recuerde que si todo eso falla, en los peores días siempre es bueno tener el número de la pizzería de la esquina pegado en la puerta del refrigerador, mientras usted se toma el respiro necesario y lo vuelve a intentar, o decide renunciarlo para siempre.

¡Mucha suerte y que disfrute en su cocina!

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