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Ser ama de casa implica un reto de naturaleza diversa…

El caos de llevar a los niños a eventos, reuniones y espectáculos públicos (PARTE 1): En el cine

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Aprovechando que muchas mamás celebraron su día en este mes que casi termina (aunque en mi país se celebra en otra fecha), quiero hablar un poco de ese extraño, difícil, casi encantador y a veces incomprendido arte de ser mamás…

Por que, ¿a quién no le ha pasado? De pronto, estás en una reunión con las amigas. Y una de ellas, que todavía no tiene hijos, hace “ese” comentario, de que los niños son “bonitos, pero de lejitos”, que adoran a sus sobrinos porque los tienen un día entero y los devuelven en la noche, o algo por el estilo.

Entonces, te quedas con la cerveza a medio tomar en la mano, preguntándote a tí misma “¿Pero de verdad es taaan malo ser mamá?”

Y luego, como un rayo, te viene a la cabeza “aquel día”, y entiendes por qué tu amiga Fulanita de Tal no quiere tener hijos…

Con los chiquillos en el cine

En el cine

Mientras somos solteras, y siempre que tengamos una pareja a la que le guste ese tipo de salida, el cine es una buena opción.

Meterse al centro comercial es de lo más sencillo. Ahí haces de una vez la compra de zapatos que tienes pendiente, ambos se protegen de la lluvia torrencial o el sol calcinante, y para cerrar el día, están las salas de cine: acurrucados, tomados de la mano, con palomitas y sonriéndose cuando, entre la penumbra, hay una escena que aclara el salón entero.

Ni qué decir de las amigas: con la película correcta, ir en grupo con tus locas favoritas se vuelve una carcajada de tres días.

Peroooooooooo… Ir al cine con niños es una experiencia de otro mundo, completamente.

1) Jamás (“jamás de los jamaces”) volverás a escoger una película que te guste mientras vayas con un niño o niña. Y no hablo sólo de la censura. Hablo de esas películas que nunca quisiste ver y ya viste. O de la película “neutral” que hay que escoger a veces, cuando los niños están por matarse entre la película de “Super autos destructivos 4” para Kiko y la de “Sandy, la princesa mágica” para Kika.

2) No importa lo grande que sea la orden de palomitas: siempre (S-I-E-M-P-R-E) tendrás que volver a salir a media película, porque Pili quiere más palomitas y Lalito se las acabó todas. O bien, una vez todos sentados, los pequeños angelitos “descubren” que quieren algo más, diferente de las palomitas.

3) Con el refresco ocurre el efecto diametralmente inverso: no importa qué tan pequeño sea el envase de refresco que lograste conseguir esta vez en la confitería. Ellos siempre (S-I-E-M-P-R-E-E-E-E-E-E-E) van a necesitar ir al baño en algún momento en el transcurso de la película, porque tomaron mucho líquido.

4) Para efectos de los niños y niñas menores de 6 años, el punto 3 aplica sin importar si compraste refresco en la confitería, o si los has tenido con sed desde el jueves trasanterior a la adquisición de los boletos.

5) Si la idea es pasarla “en familia”, ir al cine requiere reconsiderar el concepto. Entre todas esas compras de comida y visitas al sanitario, difícilmente entenderás el argumento de la historia. Así que, a la salida, NO comprenderás los chistes relacionados con el tema. Y, por ende, NO podrás conectarte con ellos en lo más mínimo.

6) O bien, si estás pensando tomarle la mano a tu esposo en la oscuridad del cine, “como en los viejos tiempos”, entonces debes considerar las siguientes opciones:

  • a) Tener un solo hijo o hija que sienta EXACTAMENTE el mismo tipo, forma y cantidad de afecto por ambos padres, de forma tal que los celos no hagan aparición y Pedrito acepte sentarse en el asiento de al lado, y no en el medio de ambos llamando constantemente la atención de mamá cuando papá intenta tocarle los dedos.
  • b) Tener dos hijos o hijas que se hayan dedicado a sentir celos mutuos, en lugar de preocuparse por los afectos de papá hacia mamá. Y que, además, sean lo suficientemente razonables y tranquilos como para permitirse la descabellada idea de sentarlos junto al extraño de la izquierda o el de la derecha, en lugar de ubicarlos justo en el medio, donde son más sencillos de vigilar.
  • c) Tener tres o más hijos que, ubicados estratégicamente en la línea de enfrente, sean no demasiado grandes para ser adolescentes y molestar a los hermanos pequeños, ni demasiado pequeños para requerir el tratamiento descrito en los puntos 3 y 4.

7) Si, finalmente, consigues salir de la sala de cine con el total de niños con los que entraste (es decir, sin extraviar ninguno en una pelea o porque alguno haya sido raptado mientras llevabas al más pequeño al baño), comprenderás POR QUÉ, pero principalmente PARA QUÉ surgió el negocio del alquiler de videos y  películas…

Ja ja ja! Disfruten su película, mamás!

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