Problemas cotidianos. Soluciones simples.

Ser ama de casa implica un reto de naturaleza diversa…

Conclusiones acerca de la experiencia con mi sobrino

4 comentarios

Tengo varias cositas que decir acerca del experimento con mi hermoso sobrino…

Me ha llegado esta experiencia en un momento de mi vida muy particular. La relación que tengo a estas alturas con mi hijo, el haber aprendido ya a manejar ciertas situaciones con él, mi edad, entre otras cosas, me hubieran hecho pensar que estaba lista para tener otro hijo. Hasta que me involucré en este ejercicio…  😉

Siempre he contado con la ayuda incondicional de mi mamá para estos efectos. Si hay que cuidar de mi hijo por unas horas para que yo pueda hacer mis cosas, ella siempre está dispuesta.

Pero se juntaron varios fatores que hicieron imposible que ella me ayudara mientras me hice cargo de mi sobrino.

Entonces, aunque mi hijo va a la escuela unas horas en las mañanas, con el bebé aquí me mantenía demasiado ocupada, y en tres semanas no tuve casi tiempo para hacer mis cosas normales, como las compras o el gimnasio.

Incluso, la casa estuvo sumida en un “caos adicional” al que suele generarse, debido a esta falta de tiempo, ya que fue aquí donde me hice cargo de él.

Mis manos estuvieron atendiéndolo casi a todas horas mientras lo cuidaba, mis brazos cargándolo. Mi espalda se maltrató por la falta de costumbre, y mis brazos quedaron pesados y doloridos los primeros días. Muchos objetos iban quedando tirados en el camino, porque la atención que él me requería -en especial cuando estaba de peor humor- hizo que me enfocara sólo en él y dejara lo demás de lado. Ya había olvidado lo que se sentía no poder hacerte cargo ni de lavar un plato porque el bebé no deja de llorar mientras lo haces.

Creo que no tendré otro hijo por el momento. Voy a seguir disfrutando de las cosas lindas que logro compartir con mi pequeñito, por un rato más… 🙂

Entendí, sin embargo, que el amor es un lenguaje diverso, que no puede medirse o explicarse con los mismos criterios que otros…

Hasta ahora, no había tenido mucho tiempo de estar con él. Mi hermana no trabajó desde su nacimiento hasta ahora, y le da el pecho, así que él se había mantenido muy pegado a ella. Y, en las visitas que ella me hacía o que yo hice a su casa, él prefirió quedarse con ella por obvias razones, así que lo había tenido poco tiempo a solas.

Sin embargo, conforme pasaron los días, mi “amor de tía” pareció convencer a mi sobrino de dos cosas:

1- De que no iba a hacerle daño, que podía acercarse a mí, tocarme, acariciarme y pedirme lo que necesitaba. Incluso, que yo iba a respetar cuando dijera que no quería algo en particular.

2- Que no había motivos para desesperarse o temer. Mamá siempre volvería.

En estos días, mi hermana y su esposo salieron de mi casa “en fuga”, es decir, aprovechaban un descuido del bebé para irse sin ser vistos. Y parece que al bebé eso le causó algún nivel de inseguridad, porque entonces comenzó a llorar en cualquier lugar donde simplemente estacionaran el carro y bajaran de él. Siempre he escuchado que no debe hacerse esto a los niños, pero con esta experiencia definitivamente se comprueba que no es recomendable.

Mi hijo supo siempre que yo lo iba a dejar “solito” (evidentemente, al cuido de una persona adulta) por unas horas, cuando lo hacía. Es decir, yo me despedía de él con alguna palabra -una palabra que, tarde o temprano los niños, aun los más pequeños, terminan asociando con la despedida- y me iba enseguida. Debo decir que él nunca tuvo esos ataques de pánico e histeria que yo le vi a mi sobrinito esta vez, y eso obviamente me hizo las cosas más fáciles durante el tiempo que él todavía no hablaba o no hablaba mucho. Pero sigo creyendo que la despedida frente a frente, es decir, que al niño le quede claro que te vas un rato pero de fijo vas a volver a recogerle, es lo más saludable. Eso les da seguridad y les ayuda a tener un poco más de paciencia mientras regresas. A mi hermana le dije, pero ella prefirió seguir usando la “técnica de la desaparición”. Ni modo, yo respeto…

Finalmente, puedo decir que esta situación que he vivido con el bebito, me hizo conocerlo un poco mejor, disfrutarlo como bebé y como sobrino, y poner en práctica la paciencia que he acumulado con gran esfuerzo a causa de lo que he aprendido con mi hijo.

Aunque, como ya dije, no pienso tener un bebé por el momento, porque todavía mi hijo y yo no estamos maduros como para intentarlo, sí creo que cuando lo haga, cometeré menos errores que la primera vez, seré quizá una “mejor mamá” en segunda ronda de lo que fui en la primera.

Y, de la experiencia de mi hermana, aprendí que muchas veces quien no está preparada para la separación es una, y no los bebitos: si mamá logra mantener la calma, el bebé puede enfrentar las cosas con mayor tranquilidad también.

Me alegra mucho haber tenido la oportunidad de ayudarla en esta ocasión. Sé que logré transmitirle una tranquilidad cuando conseguí que el bebé y yo nos adaptáramos. Es también una de las cosas bonitas de tener hermanas: hay una complicidad que no tiene precio. 🙂 Además, sé que ella ha quedado muy agradecida y que sabe muy bien que lo hice con todo mi amor.

Me queda, sin embargo, la preocupación de ver acercarse el momento de volver a trabajar (quizá este año, quizá a inicios del próximo) y tener que enfrentar una separación de mi hijo de ese tipo, por periodos largos y dejando en manos de alguien más algunas cosas que hasta el momento sólo yo hago aquí en casa. Quisiera tener un clon…

PD: Me da una honda envidia (una envidia que sólo una mujer puede comprender) ver a mi hermana y a mi sobrino mientras él toma el pecho. Es una de las cosas más lindas de ser mamá.

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4 pensamientos en “Conclusiones acerca de la experiencia con mi sobrino

  1. Te entiendo..yo solo me quedo con mi hija ,si me llega de sorpresa bienvenido (a) , es muy pesado y desgastaste ser mama ahorita mi hija tiene 4 años y la verdad es la etapa mas feliz que estamos teniendo , gracias a la independencia que tiene y esa comunicación y entendimiento que tenemos de cómplices….

    • Y los celos!!!!!!!!!!!! Yo supongo que es mucho más sencillo de manejar para un niño o niña más grandecito, que para ellos que a esta edad creen que el mundo les gira alrededor.

      Yo sí quiero otro (a). Pero no por ahora… 😉

    • Hola, soy Luz.
      El comentario me deja algo perpleja, pues mis hijas mayores han sido independientes desde bien chiquitas, permitiéndome realizar mis labores. Lógicamente no podía salir de casa fácilmente, pero en casa todo iba como una seda. En parte, por el uso del parque o corralito en los momentos donde hace falta (al que se acostumbran rápido y bien si nos esforzamos) y en parte por el uso del NO desde el principio; el tono seguro que lo entendían. Nunca tuvimos que dejar cosas delicadas fuera del alcance de las niñas. Sé que no es un caso habitual porque tengo amigas con hijos.

      • Ja ja!

        Sí, Luz… Entiendo muy bien lo que dices.

        Mi mamá nos “entrenó” desde muy pequeñas a mis hermanas y a mí, para que cumpliéramos ciertas órdenes con una simple mirada. Algo como “deja eso” o “no toques” ella no necesitaba insistir para que lo entendiéramos. Así que, por ejemplo, ir de visita a casa de sus amigas, no era un tema particularmente estresante para ella, porque sabía que nos íbamos a comportar bien.

        Pero ella misma reconoce, que los niños de estos tiempos son bien diferentes a como éramos mis hermanas y yo…

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