Problemas cotidianos. Soluciones simples.

Ser ama de casa implica un reto de naturaleza diversa…

No se equivoque: la avaricia es una virtud

3 comentarios

Supongo que soy avara…

Y he recibido sabrá Dios cuántas críticas por ser de esta forma.

Pero, conforme más paso el tiempo en esta “vida adulta” que llevo desde que salí de casa de mis papás, más me convenzo de que esa “avaricia” es la mejor manera de salir adelante en la realidad mundial que vivimos.

Se dice que un avariento o una avarienta, suelen no estar en la mejor disposición de compartir lo que poseen, y por eso se nos tacha, se nos considera socialmente incorrectos, “poco solidarios”. Sin embargo, a raíz de acontecimientos recientes, he llegado a la conclusión de que el despilfarrador o la despilfarradora, son personas que, sin importar si tienen o no interés en ayudar a los demás, simple y sencillamente no tienen los medios para hacerlo.

Piénselo por un momento: el despilfarrador o despilfarradora, quizá, tiene muchas ganas, todo el deseo sincero en su corazón de ayudar a alguien, a un familiar o un amigo por ejemplo, con un préstamo para que salga de sus deudas, o que atienda una emergencia. Pero como tiene la cuenta del banco en ceros, las tarjetas de crédito hasta el tope, y trae la cartera vacía, simplemente no ayuda, porque no puede, aunque en el fondo sinceramente lo desee.

Cuando yo era pequeña, esto que hoy día se llama “avaricia” era un valor (o una colección de ellos), y se nos inculcaba como tal.

Mi madre me enseñó a no tirar lo que todavía sirve, a cuidar mis cosas para que se mantuvieran en buenas condiciones, a que lo que estaba malo se reparaba en casa o se llevaba a reparar con quien supiera, que debía comerme hasta el último grano de arroz del plato, a usar la ropa de mis hermanas que ya no les quedaba, que los remedios naturales muchas veces son capaces de curar las dolencias simples y algunas veces hasta las complejas.

Eso me ha hecho, como adulta, presentar las siguientes “conductas avaras criticables”, entre otras muchas:

1) Mientras viví en casa de de mis padres, las medias o calcetines solían extraviarse y reaparecer en el cuarto de lavado de forma absolutamente misteriosa y súbita. Los calcetines sin pareja eran cosa de todos los días.

Una vez, revisando mi ropa, reuní todos los calcetines sin pareja que había traído de casa de mis padres , y me los llevé justamente hasta la casa de ellos, con la convicción de que esas parejas que yo necesitaba, debían estar todavía ahí en alguna parte, ya que nadie hubiera podido utilizarlas impares.

Cuando mis hermanas entendieron lo que estaba haciendo, me aplicaron en forma abundante el reproche social que sintieron que me correspondía. Pero yo tuve la satisfacción de haber recuperado al menos el 80% de las parejas. 🙂

2) Guardo todo lo que sirve. Literalmente.

Cuando mi hijo abre regalos en Navidad, escarbo minuciosamente en el embalaje de los juguetes, buscando alguna cosa que pueda ser de utilidad. De ahí he obtenido una buena colección de alambres revestidos de plástico, los cuales uso en diferentes trabajos dentro de la casa, como por ejemplo, para organizar los cables de la computadora y el centro de televisión, o colocar decoraciones en el árbol de Navidad.

Igual sucede con las ligas o banditas de hule, con las que se empacan hierbas o fresas. Tengo un frasco lleno de ellas, y las uso para mil cosas.

También recupero las hojas que quedan sin usar en las libretas de apuntes viejas, y hago con ellas nuevas libretas.

3) Hago por mí misma todo aquello en lo que pueda ahorrar dinero, si sé cómo hacerlo y si tengo tiempo.

Entre marzo de 2011 y enero de 2012, me corté el cabello yo misma. Me he teñido el cabello desde que tengo 16 (hoy día tengo 30) , y solamente he visitado la peluquería para esos fines en tres ocasiones en todo este tiempo. Valga decir que algunas personas de mi familia detestaron cada minuto del tiempo en que me corté el cabello yo misma (y no porque me estuviera quedando feo, de eso estoy segura 😉 ).

Me hago la manicura, la pedicura, me depilo, me hago exfoliaciones, limpiezas faciales, todo en casa. Es por esta razón que adoro el internet: cualquier cosa que no haya hecho nunca en mi vida y pretenda hacer por mi cuenta, de seguro que la encuentro en internet.

Y para rematar todos estos esfuerzos, últimamente me he preocupado por utilizar productos naturales a la hora de hacer mis rutinas de belleza. Tienden a ser difíciles de conseguir y a veces un poco caros, pero ofrecen excelentes resultados y me ahorran una serie de problemas añadidos, lo cual compensa su precio.

4) Hago ventas de jardín y donaciones. Cada cierto tiempo, recorro la casa buscando cosas que sean de utilidad, pero que ya no estemos ocupando, y las pongo con precio frente a la casa. Los precios son bajos, no se gana gran cosa y es un trabajo tedioso. Pero se saca algo de dinero que antes no existía en mi bolsillo. Y lo que queda, lo regalo a alguna institución a la que pueda servirle realmente.

5) Utilizo la ropa hasta que se evapora de este mundo…

Cuando compro una blusa, por ejemplo, la uso para salir mientras esté en buenas condiciones.

Cuando se afea o se destiñe, la reservo para usarla mientras limpio la casa, para protegerme mientras me tiño el cabello o como pijama, si es que se adapta para eso.

Cuando está inaceptablemente fea o se rompe, la parto en pedazos y la convierto en “paños para limpieza”.

Hasta que, entre los lavados constantes y el uso de limpiadores, un día, logro ver a través de las fibras. Entonces, y sólo entonces, logra llegar a la basura.

Justamente por eso, prefiero comprar ropa de buena calidad, para que soporte todo el proceso.   😉

6) Soy absolutamente conservadora cuando se trata de comprar tecnología. He escuchado tanto hablar de la obsolecencia programada, y encuentro tan difícil la recuperación de las piezas de la mayoría de artefactos para su uso posterior, que detesto tener que cambiar un aparato, evado las propuestas de mi esposo para comprar el último grito de la moda en celulares y propongo siempre la reparación antes que el desecho de los electrodomésticos.

7) Detesto la Navidad, el Día de San Valentín, Día de la Madre, Día del Padre y cualquier otra fecha que signifique que todo el mundo deba ir a comprar algo para alguien más, y que si no se hace esa compra te ven feo, y que a veces hay que hacerlo simplemente por quedar bien. Sin mencionar que la gente, si no cuenta con el presupuesto suficiente, termina regalando porquerías que al final van a dar a la basura porque nadie las usa o porque nadie las puede usar.

También por esta razón, es que me encantan los cumpleaños, en los que uno regala de forma personalizada, por la cercanía y el cariño que tiene con la gente, y no porque en la televisión te dicen que “eso es lo que hay que regalar”.

Eso, por poner apenas algunos ejemplos.

Y no es que no me guste gastar. ¡Sí gasto, y me gusta hacerlo en ciertas cosas!

Pero me mido mucho. Y justamente, porque evito gastar en ciertos artefactos que otras personas añoran porque piensan que son símbolos de estatus, es que me alcanza el dinero para gastarme en otras cosas que yo creo que se disfrutan más o son más importantes para el bienestar de las personas, que me hacen crecer y mejorar, o que simplemente no dañan al planeta ni van a significarme un ataque con revólver en mano.

Es por eso que creo que mi “avaricia” es una virtud.

Significa para mí vivir con cierto nivel de paz, que ninguna pantalla plana del mundo es capaz de darme…

Eso, que otros ven como defecto, hace que mis ahorros crezcan poquito a poco, mi huella ecológica sea mínima y pueda caminar en paz por la calle, sin temor a que me asalten para quitarme el celular.

Y me hace inmune a todo un mundo de tentaciones que me saltan en frente cuando intento mirar la televisión, o cuando las empresas de tarjetas de crédito comienzan a llamarme sin parar, para ofrecerme la última Coca del desierto.

¡Qué feliz soy siendo avara!  🙂

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3 pensamientos en “No se equivoque: la avaricia es una virtud

  1. Haces bien…yo apenas me acabo de volver así y me esta funcionando…

  2. Me parecen muy utiles todos tus consejos!! Ciertamente podriamos evitarnos muchos gastos viviendo de una manera mas simple y de hecho mas saludable!! Actualmente se desperdian muchas cosas.
    Saludos y adelante con tu blog!!

    • ¡Hola, Silvia! ¡Bienvenida al blog y gracias por comentar!

      Curiosamente, como dices, los estilos de vida más sencillos, suelen ser también mucho más económicos y saludables.

      ¡Y esa es una de las principales inspiraciones de este blog!

      ¡Cordialmente invitada a seguir visitándolo!

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