Problemas cotidianos. Soluciones simples.

Ser ama de casa implica un reto de naturaleza diversa…

Ama de casa en los zapatos de una amiga

Deja un comentario

Me visita una amiga. Ella no tiene hijos, como yo. Ni tampoco es ama de casa, como yo. Ni tiene la misma edad que yo. Así que somos unas amigas, que lo único que tienen en común es el gusto de quererse…

Soltera, con un novio lindo que se ve que la quiere mucho, apenas veinticinco años, sin compromisos ni obligación de hijos, vive sola en un apartamento pequeño y, recién a inicios del año, consiguió su primer trabajo relacionado con la carrera que estudia, su primer “trabajo profesional”.

En vista de la historia que contaré, que no es para nada bonita, la llamaré simplemente “K”.

Desde que llegó a este nuevo trabajo, su jefe inmediato, a quien llamaré “H”, se dedicó a galantear con ella. Él estaba enterado de que K tenía una pareja, siempre lo supo. Pero aun así, de una forma muy sutil (una que no despertara las alarmas de K), se puso a su disposición “para lo que fuera”, “a cualquier hora”, y “con mucho gusto”.

K, inocente como fue en aquel momento, a pesar de mis advertencias, admitió que el señor H le ayudara a instalarse en el nuevo trabajo, le explicara el manejo de la oficina, le aconsejara cómo preparar ese documento que ella nunca había visto en su vida de estudiante.

Cuando me comentó las atenciones del señor H, le dije si no le daba temor, si no pensaba que él tuviera feas intenciones con ella, que podía entorpecer su trabajo en caso de que ella no aceptara esos acercamientos más adelante y ya el tipo se sentía tal vez con derechos…

K intentó tranquilizarme. Que iba a tener que lidiar con personas como H el resto de su vida. Que ella no se sentía atraída por él. Que le caía bien, sí, pero nada más. Que era bastante mayor que ella, y eso era un factor determinante para considerar que no le iba a llegar a interesar. Que le estaba sirviendo de mucho la ayuda que H le daba, y mientras fuera así, no tenía motivos para no sacar provecho de la buena ayuda que él le estaba ofreciendo. Que ella sabía que, tal vez, el señor H tenía otro tipo de interés en ella, pero ella no había ocultado en ningún momento que tenía a su novio y así las cosas ya quedaban claras.

El tiempo siguió pasando. K y el señor H se acercaron cada vez más. Hablaban por teléfono con alguna frecuencia, intercambiaban mensajes de texto, casi siempre por asuntos relacionados con el trabajo, pero a veces también por otras cosas.

El señor H hizo el ofrecimiento, más de una vez, de llevar a K en su automóvil hasta su casa. Y en una de esas oportunidades, K aceptó. Luego otra, y otra, hasta reunir una buena cantidad a lo largo de los meses.

K sabía que algo andaba mal con todo eso. Pero de nuevo, su inocencia le jugó mal, y como toda su racionalidad y su lógica no eran capaces de decir qué era exactamente lo que andaba mal, simplemente no hizo caso a esa vocecita de su instinto que le gritaba “¡Corre!”

El tiempo sigue pasando…

Ya para estas alturas, K y el señor H se tratan con confianza, como amigos. Y él lleva meses jurando una y otra vez a K que no tiene a nadie, que se siente muy solo, que los hijos, la exesposa y la exnovia sólo le dan dolores de cabeza, que está buscando a alguien con quien pueda compartir su vida…

Pero K me cuenta que algo, algo que no sabe cómo explicar, le dice que el señor H tiene a alguien, una pareja. K no entiende por qué, si ambos se comportan cada vez más como amigos, el señor H aun no le confiesa que tenga una pareja. Pero ella de verdad cree que H tiene a alguien. Aunque no sepa decir, racional y lógicamente, por qué lo cree. Y, mientras tanto, el señor H jura por Dios y por su madrecita que no hay ninguna mujer en su vida, constante y repetidamente.

K no está teniendo una aventura con el señor H. Si fuera así, ella me lo diría. A fin de cuentas somos buenas amigas. Pero este detalle, acerca de la sospecha de la existencia de la novia, es importante para ella. Y yo creo que la entiendo: si el señor H ha estado mintiendo acerca de su verdadero estado sentimental, simplemente no se puede creer en su amistad.

De mi parte nunca creí en él. Y se lo dije, cada vez, varias veces.

Pero ella realmente disfrutaba pasar esos breves momentos con él, quien se desvivía por ser ameno, agradable, caballeroso y atento en cada oportunidad que se le presentaba. ¿A quién no le gusta que le halaguen y le traten bien? ¿A quién no le gustaría estar cerca de un hombre que le abre la puerta, le dice que se ve muy bien, que elogia su trabajo constantemente, y encima lo hace “de gratis”, sin que exista una relación de pareja de por medio? Encima, K sabe lo que vale, lo linda que es, lo bien que hace su trabajo. Si el tipo no le dice mentiras (por que ella sabe que todos esos halagos son ciertos), ¿por qué desconfiar?

El tiempo sigue pasando.

Un día, K recibe una llamada extraña, de una persona no demasiado extraña: “A”, una antigua conocida de estudios, que llama para ponerla al tanto de que sostiene una relación con el señor H, desde hace algún tiempo.

La señorita A no usa un mal tono, no acusa a K de nada. Pero hace su mejor y más elegante esfuerzo, por dejarle claro que ella es la pareja “oficial” del señor H.

K no se sorprende. Era obvio, por alguna razón, que había una mujer en la vida del señor H. Pero sin duda, le sorprende que A haya sentido la “necesidad” de ponerle al tanto acerca de la relación que sostiene con el jefe. De pronto, muchas cosas le quedan más claras. De pronto, la realidad del peligro que corre le golpea la cara como una bofetada.

K actúa como su buen corazón le dice que debe hacerlo: acepta la sospecha de la señorita A sin ofenderse, le da mil explicaciones para intentar convencerla de que no le interesa el dichoso novio senil, y trata de pacificar el asunto en tanto sea posible.

La señorita A, muy joven al igual que K, escucha y entiende, sin alterarse. Pero hay verdades que duelen mucho para ser creídas. Y hay realidades que a los celos de una mujer no le importan en absoluto. Por eso, la señorita A, aunque su flamante novio le ha hecho ya varias jugadas idénticas a esta, obviamente con felices resultados para él –cosa que K intenta explicarle que no sucedió con ella-, aunque sabe muy bien que el sujeto no vale nada y va a repetir este comportamiento de casanova cuantas veces pueda, no cree para nada en que K sea “inocente” en este asunto…

Porque claro, obviamente el señor H preparó bien el terreno… Estuvo hablando mal a la señorita A acerca del trabajo de K durante meses. Contó toda clase de mentiras para dejar una mala imagen de la pobre K. Una mala imagen que se estampó en la conciencia de la señorita A, de un modo indeleble. Hizo creer a su novia que todas esas llamadas y mensajes que sostenía con K, no eran deseados ni provocados por él. La hizo quedar como una arribista que sólo buscaba escalar de puesto en la empresa, a costa del “pobre señor H”, puro y fiel como paloma.

Aun en este momento, K no huye de su trabajo. De nuevo, me gustaría que lo hiciera, pero entiendo que no lo haga: si no tiene motivos para salir con la frente baja, ¿por qué irse de un trabajo que le gusta y en el que, además, gana bien y adquiere experiencia? Ella no siente que tenga la culpa de nada. Por eso no huye, ni se esconde.

Pasa un corto tiempo más…

Varias llamadas de la señorita A hacia K en ese lapso.

K sabe que la señorita A la está utilizando para seguir obteniendo información del paradero de su ahora ex novio, el señor H. K me dice que no entiende el interés de A en seguir monitoreando a su ex pareja. Pero, como sigue sin sentir culpa respecto a esta situación, no ve motivos para evitar las conversaciones con A.

Mi amiga no lo dice. Pero creo que, en el fondo, piensa que todavía puede convencer a la señorita A de su inocencia en este asunto. Personalmente, no me gusta ese contacto de K con ella. Nunca se sabe en qué momento regresa con su ex novio, y le cuenta todas las cosas que K le ha confiado, para perjudicarla y hacer que la despidan de su trabajo.

Vuelvo a insistir en que comience a buscar otro lugar donde emplearse, que no espere la peor parte de la tormenta y no deje que el señor H se cobre con ella por algo que no debe. K me dice que sí, que con gran tristeza, ha comenzado a buscar otras opciones. Ya comprendió que tiene todo para perder en esta situación.

Una tarde, mientras estamos juntas, el señor H llama. K me explica que no quiere saber nada de él, que ha dejado de contestar las llamadas que él le ha estado haciendo, durante toda la semana anterior, pero el señor insiste. El teléfono vuelve a sonar. K lo toma, con la certeza de lo que el señor H le va a decir.

Él, con total falta de algo que no me atrevo a mencionar, le recuerda un favor que quiere que le haga. Algo a lo que K se comprometió hace tiempo… Cuando no sabía nada de la basura que H hablaba acerca de ella. Ella acuerda para dentro de dos semanas. La conversación termina.

“¿Por qué vas a hacer todavía un favor a este tipo?”, le pregunto, con toda mi indignación.

K me explica que se comprometió de antes. Y que, como quiera que sea, ella sigue siendo mejor persona que él. Sus valores la llevan a ayudar a quien la necesita. Pero, ¿se deben sostener nuestros valores frente a quien obviamente no los tiene en absoluto?

Pasan un par de semanas. K, felizmente, termina sus asuntos con este señor, gracias a que ha encontrado otro trabajo.

Antes de irse, ya recibió una llamada más de la señorita A, quien le dio más y más información, de cosas horribles que el señor H había dicho acerca de ella. El mismo señor H que la ha saludado cortésmente todas las mañanas al entrar en la oficina, sin el menor sonrojo ni la más mínima sombra de verguenza.

K le explica a la señorita A que tiene fecha para dejar su empleo, que ha conseguido uno nuevo. La señorita A la felicita, y aprovecha una vez más para sacarle alguna información.

K lloró en mi hombro luego de esa llamada. Por las cosas nuevas que supo, como por ejemplo, que el señor H hizo comentarios negativos acerca de ella y su trabajo, no solamente con la señorita A, sino con otras personas, incluso de la misma oficina donde ambos trabajaban. Pero, especialmente, por ver su imagen dañada tan injustamente. Por comprender, finalmente, lo que sus instintos le avisaron antes de que lo comprendiera. Por el temor de que alguna lengua suelta y malintencionada, quiera ponerla en entredicho con el buen muchacho que es su novio y que, un día, espera sea también su esposo. O bien, con las personas que la han contratado recién, y que todavía no han tenido tiempo de conocerla.

Dos semanas después de haber dejado su antiguo trabajo, K todavía recibía llamadas del señor H. Supone que él todavía necesita ese favor. Pero ya creció de golpe. Ya no le interesa ser buena persona con él. Y aunque todavía siente una profunda amargura cuando recibe estas llamadas, intenta sacar de todo esto, una lección para su vida y su futuro.

La historia que he contado, aunque un poco larga, espero que sirva de reflexión a muchas mujeres, como ha servido para mí.

Porque, aunque hoy soy una ama de casa, y vivo protegida entre las paredes de mi hogar, quizá no dista mucho el día que tenga que reenfrentarme con el mundo laboral.

Y cuando eso pase, yo también voy a ser la “nueva”, la “joven”, la “bonita” de la oficina. La que “no tiene experiencia”. La que necesita el empujón para entender el manejo de su nuevo empleo. La que va a tener que poner a prueba su intuición, para que esta le indique las buenas o malas intenciones de las personas que se acerquen. La que quizá tenga que esquivar a uno de los tantos “señores H” que caminan por este mundo, abusando de su posición y su cuota de poder. La que tal vez, aun sin deberle nada a nadie, deba salir de alguna situación incómoda a hurtadillas, sólo para protegerse y sobrevivir.

Anuncios

¡Tu opinión me interesa! Comenta aquí...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s