Problemas cotidianos. Soluciones simples.

Ser ama de casa implica un reto de naturaleza diversa…

SE RECIBEN LOMBRICES

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 A veces nos toca repensar lo que hemos aprendido desde niñas…

 Desde tiempos inmemoriales, las madres han enseñado a sus hijas a ser limpias. Educadas, decentes, y otra colección de etcéteras. Pero limpias, muy por encima de otras tantas “buenas costumbres”.

No voy a criticar aquí el punto. Una mamá es lo que es, y siempre intenta enseñar a sus hijos lo que cree que les vendrá mejor para su vida presente y futura. Lo sé porque yo también soy mamá. 😉

La cuestión es que, como nos enseñan primero a ser limpias, eso nos lleva luego al hecho de que hay cosas que no se tocan (que casi ni siquiera se miran). Y que, cuando se tocan, aunque sea por el mínimo error, hay que correr a lavarse las manos. Nos enseñan que el mundo está todo lleno de bacterias y porquería que acecha, esperando para enfermarnos, y que una gran colección de esa porquería viene de los insectos, bichos y demás plagas de este universo.

Recién ahora, que estoy intentando adelantar en este asunto de la jardinería, es que vengo a darme cuenta lo “bichófoba” que soy, a causa de esa buena educación de niña limpia que me dio mi santa madre.

Y, también hasta ahora, es que he caído en la cuenta de que esa jardinera a la que con tanto esmero le he trasplantado un número ya indeterminado de ejemplares vegetales, con flor y sin flor, jóvenes y no tan jóvenes, NUNCA va a ser capaz de albergar con éxito la más mínima malahierba siquiera.

La cuestión es, que las dos mil veces que he escarbado y vuelto a escarbar en la tierra de esa dichosa jardinera, jamás nunca, ni por accidente, me he topado con un miserable bichito. Ni uno solo. Pero como fui educada en esa “saludable” bichofobia, aquello de que los insectos no tuvieran interés en ella, nunca me preocupó o sorprendió. Más bien había sido un alivio… hasta ahora.

Porque mi buena, santa y sabia madre, a pesar de que siempre ha sido una fanática de las plantas, jamás me dijo que los bichos servían para algo en el jardín. No. Los bichos han sido para mí de todo, menos necesarios.

Luego de recriminarme a mí misma por las plantas (con flor y sin flor, jóvenes y no tan jóvenes), que una a una fueron muriendo en esa jardinera, llegué a la feliz conclusión de que la “culpa” de esas muertes no es mía, sino de la jardinera, que no tiene ni una micro lombriz bebé que le ayude a mantener la calidad de la tierra, oxigenar el terreno y sabrá Dios cuánta cosa más que le toca hacer a una lombriz. No importa qué tan buena sea la tierra que compre en el vivero, ni qué tanto abono pueda ponerle, ni con cuánta frecuencia riegue las margaritas. Sin lombrices, simplemente no hay magia.

En vista de esta circunstancia, y hasta que consiga que alguna inquilina lombriz se mude a la jardinera con su familia y su mascota, no vale la pena que intente sembrar de nuevo en ella absolutamente nada.

Así que si alguna ahí afuera en el mundo, con estómago delicado y “buenas costumbres” enseñadas por su madre, está pensando en deshacerse de los insectos en su jardín, mándelos para acá, porque aquí en nuestra casa, se reciben lombrices.

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