Problemas cotidianos. Soluciones simples.

Ser ama de casa implica un reto de naturaleza diversa…

Perder el miedo a equivocarse

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¿De qué es realmente de lo que tenemos miedo, cuando dejamos de emprender algo propio?

Muchas personas viven con tanto temor a equivocarse, que se mantienen paralizadas en un estado de quietud personal que no les ayuda a crecer, ni les permite sentirse satisfechas de sí mismas y de lo que hacen.

En mi opinión, este es un mal que termina arraigándose natural y fácilmente en las amas de casa.

Es decir, afecta a muchas personas, pero es uno de los “riesgos laborales” que nos atacan con más frecuencia a quienes nos dedicamos al hogar.

Ni siquiera parece necesario ir demasiado lejos con los ejemplos para esta afirmación que he hecho. Estoy segura que mis lectoras(es) conocen a una mujer así, una que siempre tiene las cosas personales a medio terminar, mientras uno la observa sacar tiempo para mil cosas distintas. O aquella que siempre soñó con montar una microempresa de cualquier cosa, hizo veinte cursos sobre el tema, y al final no encontró el coraje para hacerle frente al cambio que hubiera significado llevar adelante ese proyecto. Incluso, esa mujer puede ser usted misma.

Que quede claro aquí, que no me refiero a aquella ama de casa que no hace milagros con su tiempo o sus esfuerzos. No somos hacedoras de milagros, y no se nos puede exigir tal cosa. Me refiero a las que tienen el milagro tocándoles la puerta de su casa, y simplemente no se deciden a abrirle y dejarle pasar.

Con más frecuencia de la que desearíamos, el miedo nos paraliza ante las situaciones nuevas y desconocidas.

¿O no?

¿De qué es realmente de lo que tenemos miedo, cuando dejamos de emprender algo? ¿Cuando nos autoexcluímos de las decisiones acerca de nuestro propio futuro?

Pues yo digo que nuestro verdadero miedo no es a lo desconocido, sino al fracaso.

Y este artículo, pretende ser una invitación a mis lectoras(es), para dejar atrás de una vez ese temor a equivocarnos.

Sueñe. Dese el sagrado y humano espacio para soñar con lo que usted solita(o), sin considerar a nadie más, desea en su corazón.

Visualice la realización de ese sueño. El paso a paso. Vea las herramientas que tiene en sus manos, y con las que puede empezar a construir ese sueño.

Omita los obstáculos como tales. Comience a ver el modo de saltarlos. Si usted fuera un animal salvaje, y cayera en una trampa, de seguro dedicaría unos minutos en medio del pánico a pensar el modo de librarse y escapar. En ese momento, no se pondría a considerar qué tan difícil es salir, sino que salir le puede salvar la vida. Concéntrese en el objetivo, y así encontrará el modo de derribar el obstáculo.

Y, cuando los obstáculos hayan quedado vencidos, prepárase para enfrentar su mayor miedo: salvados los impedimentos, le llegará la hora de actuar. Actúe. Enfrente su miedo. Piense en las mujeres que también han sentido miedo, y lo han pasado por alto. Si otras lo han vencido, y si ese es el mayor impedimento que tuvieron para realizar sus proyectos, usted también podrá.

La cuestión es que, cuando comenzamos a actuar para alcanzar una meta propuesta, nos llegan mil oportunidades de fallar.

Sepa de antemano que recibirá críticas. Asuma que llegarán. Póngalas en su agenda diaria, porque de seguro que le harán una visita. Ignórelas cuando vengan. Pueden ser buenas o malas, pero cualquiera de las dos será un síntoma de que “algo” se está moviendo.

Tenga en mente que se equivocará, porque sólo quien no hace nada es capaz de nunca equivocarse. Se equivocará sin duda, y no una sola vez, sino varias.

Perdónese por el error. Hay gente a su alrededor que no la perdonará. No se una usted también al grupo de quienes no la perdonen por errar. Equivocarse es humano. Siéntase orgullosa de ser muy humana. Perdónese por el error, vuelva a levantarse y siga adelante.

Deje de lado los conceptos “apropiados”. Mientras usted siga diciéndose a sí misma en su cabeza que eso que está intentando “no es para mí”, “no es para mi edad”, “no es para una ama de casa”, “no es para una madre de familia”, “no es para una abuelita”, “no es para una esposa”, “no es para una mujer como yo”, o peor aún, “no es para una mujer”, sus miedos la paralizarán. Arránquese las etiquetas de una vez. Actúe. Oblíguese a actuar.

Y cuando lo haga, tenga presente que quizá su miedo no desaparezca. Pero quedará empequeñecido, cuando la vea tomar las riendas de su vida y el camino para alcanzar sus sueños. Siga avanzando, cayéndose, levantándose y avanzando. Quizá algún día, descubrirá que su miedo ha dejado de seguirle los pasos…

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