Problemas cotidianos. Soluciones simples.

Ser ama de casa implica un reto de naturaleza diversa…

Una cana

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Una cana

Anoche me sucedió algo extraño…

Desde hace más de un año -desde que no me tiño-, vengo lidiando con un “problema” que hasta ese momento me era desconocido: canas.

Tengo tres.

Las muy miserables aparecieron no sé de dónde, no sé desde cuándo, en un lugar que no sólo es visible para mí, sino que las deja en evidencia con los peinados que uso comúnmente.

Más aun, los tintes las cubrieron por algún tiempo antes que yo me enterara que existían. Sin embargo, como algunas sabrán, el tinte tiende a caerse más fácil y rápidamente de los cabellos canos, con lo que al lavarse la última coloración que le hice a mi cabello, luego de unos meses, aquellas canas quedaron resueltamente blancas y expuestas en la partición de mi peinado.

Hay que vivir con ellas“, me dije. Mi determinación acerca de no teñirme hasta que me hubiera deshecho de todo el cabello con coloraciones anteriores, no iba a rendirse por una pequeñés como esta.

Sin embargo, las personas, y en especial las mujeres, tienden a teñirse las canas.

Y tener una cana, o dos, o las que sean, sin teñir, suele dar un aspecto injustamente descuidado al cabello.

Y mi cabello me importa. No me gusta verlas sobresalir tan caprichosamente cuando me peino. Dan aspecto de frizz. Dan la sensación de que hubiese salido de casa sin verme al espejo. En especial si no me he planchado.

¿Qué hacer entonces?

Las acomodaba. Movía un poco el peinado hacia acá o hacia allá. Las veía en el espejo y les sonreía.

Sin embargo anoche -en contra de todas las recomendaciones de mi madre- tomé una de esas odiosas hebras, que se había levantado insolente luego de que pasé el peine cerca de ella, y la arranqué de raíz.

Una vez hecho esto, la observé con detenimiento.

Mientras la observaba, me di cuenta que no tenía la punta cortada. Es decir, fue un cabello “nuevo” hasta el momento en que lo arranqué. Así que me dieron ganas de medirla, para saber cuánto tiempo llevaba cuidándolo y nutriéndolo: veintidós centímetros.

Suponiendo que mi cabello haya crecido al ritmo normal de un centímetro por mes, llevaba aquella hermosa cana puesta por un año y diez meses.

De inmediato, me arrepentí de haberla arrancado.

Lo que tenía en mis manos era un hermoso cabello saludable, de un plateado brillante que me hizo maravillarme. Una gruesa y larga hebra de cabello, que parecía haber sido pulida hasta conseguir un brillo deslumbrante. Un bello trofeo al que mi cuerpo alimentó durante meses…

¿Quién demonios nos ha hecho creer que las canas son feas????

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