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Ser ama de casa implica un reto de naturaleza diversa…

Once consejos para adaptarse a una suegra

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SuegraDesde tiempos inmemoriales, tres figuras femeninas han tenido la peor reputación disponible en los cuentos de hadas y en el imaginario popular: la bruja, la madrastra y, por supuesto, la suegra.

Esto no es gratuito. Tiene raíces profundas en un desprestigio que lo femenino sufre cada día en el sistema patriarcal en que nos desenvolvemos.

Ahora bien, luego de adquirir la modesta experiencia que tengo acerca de la vida real, llego cada vez más a una conclusión: se puede huir de las brujas, y con algo de habilidad, de la “malvada madrastra”, pero no hay quien pueda evadirse de la suegra.

Digo todo esto en tono jocoso, porque sé que muchas personas, y en especial las mujeres, tememos u odiamos aquella figura materna, medio impuesta y medio aceptada al adquirir compromisos mayores con un hombre determinado…

Me toca entonces confesar algo: yo también tengo una suegra.

Y debo confesar todavía algo más: la aprecio. Casi podría decir que la quiero. Y estoy casi segura que ella tiene hacia mí un sentimiento positivo cercano al afecto, también.

En otra época de mi vida, hubiera considerado que una relación cercana y positiva con una suegra, era innecesaria o imposible. Y este pensamiento, que subsistió incluso hasta el momento en que mi esposo y yo comenzamos nuestra vida en común, influyó negativamente en mi “desempeño como nuera”. Sin embargo, el tiempo se encargó de enseñarme que la realidad era otra, y que inclusive podía sacar cosas positivas de la cercanía con esa mujer a la que los cuentos pintan como monstruosa y malintencionada.

Por eso, si están recién estrenándola, o si hasta el momento no han podido o querido acercarse a la que tienen, les invito a reconsiderar las ideas preconcebidas que tengan acerca de ella, o la falta de interés en relacionarse con ella. Si no por el beneficio personal directo, al menos como una forma de ganar puntos con su esposo o equivalente.

Dicho lo anterior, les ofrezco algunas recomendaciones sencillas si lo que buscan es llevarse bien con la madre de su pareja:

1) Enfóquela y visualícela: piense en su suegra como parte de SU familia. No de la de él, sino de la suya. Imagine las fiestas, celebraciones familiares y acontecimientos en los que usted y su pareja van a estar en el futuro. Comience a pensar “en dos”, con su familia y la de él reunidas en una sola habitación. Asuma que ella va a estar ahí de seguro, y hágase la idea de que deberá intercambiar al menos un saludo y unas palabras con ella cada vez. Imagine esas palabras, sinceras y cordiales, pero sin exagerar ni dejar de ser usted misma. Esto es muy útil, no para torturarnos por anticipado con su presencia, sino porque es una realidad que, mientras dure la relación con su esposo, ella estará presente con cierta frecuencia. Prepárese. No deje que la llegada de su suegra la tome mentalmente desprevenida.

2) Asuma que es buena: esto es especialmente sencillo si una ya es madre, pero no creo que quienes todavía no hayan experimentado la maternidad, tengan graves dificultades en conseguirlo. El truco es pensar que ella quiere lo mejor para su hijo. Así, cada vez que ella haga o diga algo que a usted le moleste, usted debe “llamar” a este pensamiento, y decirse en su mente “aunque yo no haría/diría eso, ella lo está diciendo con buena intención, por el bien de su hijo, porque lo ama, etc.”

Esto es cierto en el 95% de los casos. Tampoco la suegra es una santa. A veces ellas, como seres humanos que son, también critican y ofenden. Incluso existen las que buscan fastidiar a sus hijos, y de rebote la fastidian a una. Pero estoy segura que son los menos de los casos. Lo normal de una conducta que nos molesta de parte de ella, es que tenga en el fondo la intención de proteger a su hijo o congraciarse con una. Ella es buena, lo cual no quiere decir que sea perfecta. Véala como buena, analícela como buena.

3) Marque el límite: muchos de los malos entendidos con la suegra, y con la familia de la pareja en general, vienen porque no establecemos claramente nuestro límite, o porque no usamos las palabras y el método adecuado para hacerlo. En ocasiones, no hace falta ni siquiera ir de frente o hacer un alboroto para marcar el límite de lo que usted puede tolerar.

Por ejemplo, admitimos visitas que no queremos, demasiado extensas, a horas inapropiadas, hasta que aquello se vuelve insostenible y acabamos por explotar. Si le llaman para avisarle que van a llegar de visita, pero usted no tiene tiempo o ganas de recibir a la familia, use una excusa creíble y sencilla, como que ya tiene un plan previo o algo por el estilo. Es mejor evitar estas situaciones, antes que recibirles con mala cara.

4) Use a su pareja como canal de comunicación: las familias manejan lenguajes internos muy precisos, y a veces una palabra, que para nosotras no significa gran cosa, tiene un significado negativo o hiriente en el “código” de la familia de nuestra pareja. Por eso, y retomando el ejemplo del punto anterior, si no queremos o no podemos recibir la visita de la familia, en ocasiones es mucho más efectivo y menos problemático, pedir a nuestra pareja que se excuse, en lugar de hacerlo nosotras mismas. Obviamente que, para esto, hace falta mantener buena comunicación entre los dos.

5) No critique a la familia: una causa de enfrentamientos frecuentes en las parejas, relacionados con la suegra y la familia, ocurre porque criticamos a alguien. Piense en usted y en su familia: a ninguno nos gusta que hablen mal de las personas a las que queremos, independientemente de si la crítica es infundada o responde a algo verdadero. Relacionado con el punto anterior, si usted va a pedir a su pareja que sirva como canal de comunicación para pedir un favor o evitar una visita, no empiece la solicitud con una crítica hacia la familia de él. Sólo pídalo, sin “justificarlo” con esos mil defectos y problemas que usted le encuentra a la madre de él.

Muuuuucho menos, se sume usted a criticar a la oveja negra de la familia, cuando se toque el tema en la mesa. Todas las familias tienen una. Y llegará el día en que, probablemente, la familia de su pareja se sentirá suficientemente en confianza como para hablar de esa “oveja negra” en frente suyo. Dirán “es un ocioso”, “sólo pide dinero”, “jamás viene a visitar”. ¡Bajo ninguna circunstancia se sume a estas opiniones, de ninguna manera!!!!! Si no puede evitar estar presente durante este tipo de conversaciones, simplemente escuche y calle.

6) Muestre verdadero interés, sin pretender o aparentar: algo que causa siempre mala impresión, es la sonrisa falsa o el regalo escogido en el último minuto sólo por quedar bien. Sea usted misma, sin dejar de lado el objetivo de mantener una buena relación con la familia de su pareja. Si va a felicitar a su suegra por su cumpleaños, hágalo con palabras que usted realmente usaría. No finja cariño si no lo siente. No diga que le gusta la comida, sólo por quedar bien. Este tipo de cosas, se percibe fácilmente, y puede generar el efecto contrario: en lugar de causar buena impresión, usted puede terminar pareciendo hipócrita o dar la idea de que esconde dobles intenciones.

7) Reciba el consejo gratuito: algo que no puede faltar en la relación suegra-nuera, es ese momento incómodo en que ella, con todo el cariño del mundo, nos da el consejo estrella para resolver una situación determinada, mismo que no le estamos pidiendo y que creemos no necesitar. Entonces, normalmente, nos fastidiamos pensando “¿Es que acaso esta mujer cree que no tengo un cerebro propio para pensar???”

¡Alto! La regla de oro para el consejo gratuito es recibirlo con una sonrisa, e incluso agradecerlo. Después, una puede ir y hacer las cosas a su manera, como siempre las ha hecho. Inventar una manera propia de hacerlas. O llamar a su propia madre y preguntarle cómo lo haría ella. Si logramos sobrevivir a ese momento, sin reaccionar en forma negativa, incluso puede ser que lleguemos a descubrir en aquel “consejo gratuito”, un buen consejo. 😉

8) Observe su forma de dar: cada persona tiene una forma distinta de entregar afecto. Hay suegras que compran regalos finos, que gustan de cocinar a las personas que quieren, las que dan besos y abrazos. Observe a la suya. Descubra cuál es su manera concreta de dar afecto. Y, en la medida de lo posible, no rechace ese afecto cuando le llegue. Si, por ejemplo, su suegra es de las que cocina para los que quiere, no rechace su comida. No digo que usted deba comer carne si es vegetariana. Sino que acepte esa comida, más como muestra de afecto que como alimento. Una forma sencilla e indeseable de ofender a una suegra −que por lo demás ya se siente casi abuela−, es rechazando sus muestras de cariño.

9) Trate bien a su pareja: la segunda cosa que más fácilmente logra perder a una suegra, es la sensación de que su hijo está siendo maltratado. No le haga a ella comentarios negativos acerca de él, sean ciertos o no. Si usted tiene un problema con su pareja, evite a toda costa ventilarlo en frente de su suegra. Y, si aquella diferencia es demasiado grave como para poder disimularla o postergarla hasta que la familia se retire, al menos evite estar presente. Quizá usted parezca algo desinteresada o distante por no estar presente durante la visita, pero esto es cien veces mejor que mostrar una actitud hostil con respecto a su pareja, frente a la suegra.

10) Agradezca: siempre dé las gracias cuando reciba algo positivo de parte de la familia de su pareja, especialmente de su suegra. Si ella se ofrece a cuidar a los niños para que ustedes tengan algún tiempo solos, si hace una rica cena, si trae enormes regalos de Navidad para los nietos… Agradezca, agradezca, agradezca. Sin exagerar el gesto. Ya dijimos que la idea es ser naturales y creíbles. Pero agradecer.

11) Tenga aspiraciones realistas acerca de la relación: su suegra no es su madre. Quizá nunca llegue a ser siquiera “como una madre” para usted. Eso sólo sucede en raros casos, y en las películas baratas. Ella siempre va a tener “ese algo” que a usted le molesta, por más que lleguen a tomarse cariño. Y, siendo justos, es probable que siempre haya en nosotras algo que a ellas les cause incomodidad. Sin embargo, tener una relación buena y cordial sí es posible. Y, si me lo preguntan, hasta resulta necesario y saludable.

¡Muchos éxitos con la próxima visita!

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