Problemas cotidianos. Soluciones simples.

Ser ama de casa implica un reto de naturaleza diversa…

De niños, perspectivas y reflexiones: ¿Quién controla tu vida?

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Niño

Regresando un día de la escuela, con Alonso, los dos de la mano…

Me manifiesta un profundo pesar acerca de su día. “Nadie quiso jugar mi juego”, dice. “Todos me dejaron solo, y por eso me siento mal. ¡He tenido un día muy malo!”, y sus ojitos se llenan de lágrimas.

Obviamente, me siento mal por él. Desde el fondo de mi conciencia, salta Super Mamá al rescate, queriendo evitarle estos padecimientos en el futuro.

“Tenés que respetar las decisiones de tus compañeros, mi amor… Ya lo hemos conversado. ¿Verdad? Cada uno tiene derecho a escoger.”

No iba a ser fácil. Jamás es fácil. Alonso es un líder innato, y está acostumbrado a que se hagan las cosas a su manera. Pero, cuando no consigue hacer su voluntad con sutilezas, pierde los estribos rápidamente. Es una parte suya que me siento personalmente llamada a entrenar para bien, y con miras a evitar un futuro tirano… Esas cosas horribles que sólo una mamá se puede imaginar, y que con frecuencia ni siquiera se concretan. 😉

“¡Pero yo los invité a que jugaran mi juego, y no quisieron!” 

Veo asomarse el llanto, y trato de esquivarlo…

“¿Y vos? ¿Por qué no jugaste también al juego que jugaban los demás?”

Alonso piensa un momento.

“Porque yo quería jugar mi juego”, dice.

“¿Ves, mi amor?”, le digo con tono de sorpresa. “Vos escogiste tu juego. Igual que ellos. Pudiste haber escogido jugar con los demás, pero preferiste tu juego, aunque te tocara solo… Vos también escogiste.”

Se queda en silencio. Respira más calmado. Parece que estas palabras mías hubieran adquirido sentido dentro de su cabecita, más allá de la comprensión que yo esperaría que tuviera a los casi siete años…

Hasta ahora había creído que todo su sufrimiento fue causado por voluntad de sus compañeritos y, de pronto, descubre que tuvo el control todo el tiempo. Se calma, y no toca más el tema.

Días después, me encuentro con este artículo llamado “¿Quién controla tu vida?”, y no puedo evitar acordarme de aquel episodio con Alonso.

Luego de leerlo, termino planteándome esta reflexión: ¿por qué, como adultos, nos parece tan fácil resolver un “conflicto de niños” con prudencia y claridad, dándole al niño herramientas suficientes, lógicas y sencillas para enfrentarlo, pero no sabemos aplicar estas mismas herramientas a nuestros conflictos de la vida adulta? ¿Qué pasaría si, como menciona el artículo, nos hiciésemos conscientes, al igual que Alonso, de que desde siempre hemos tenido el control sobre lo que nos está sucediendo, y todo lo que nos ha hecho sufrir es la errónea perspectiva de estar “en manos de otros”?

De pronto soy yo quien se queda en silencio y respira calmada. Sonrío. Y doy gracias por seguir aprendiendo estas valiosas lecciones de vida, a través de un pequeño niño.

¿Han aprendido lecciones valiosas a través de sus hijos e hijas? Comenten sus experiencias…

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