Problemas cotidianos. Soluciones simples.

Ser ama de casa implica un reto de naturaleza diversa…

Aquel hermoso cabello de quinceañera…

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Quinceañera

Cuando me enfrenté al “desastre capilar más grande de la historia” (je je!), a partir de enero o febrero del año anterior, una de mis determinaciones fue dejar de teñirme el cabello, y volver a mi color natural, aunque eso implicara vérmelas de frente con la enorme tentación.

Una de las cosas sobre las que reflexioné en aquel momento, fue el por qué había comenzado en algún momento a cambiar el color de mi cabello…

La primera vez que me teñí el cabello, tenía entre quince y dieciséis años apenas.

En aquel momento, comenzaban una intensa lucha la publicidad de “Sedal” y “Pantene”, en la que ofrecían cabellos mágicamente transformados en un mes y cosas por el estilo. Las modelos de esos comerciales, lucían cabelleras perfectamente lisas, sin daños, sin tan siquiera un asomo de frizz.

¡Es curioso! Cuando una tiene esa edad, no se cuestiona aquello que la publicidad le mete por los ojos y le implanta en el cerebro, como verdades absolutas.

Yo quería un cabello así. Siempre lo quise. Recuerdo haber escuchado hablar mil veces del cabello tan hermoso que mi madre tenía a los quince. Pensaba “¿Y por qué mi cabello no se ve así también? ¿No está en mis genes? ¿Cómo conseguirlo entonces?”

Obviamente, esas reflexiones consiguieron dos resultados: el primero, una absoluta inconformidad con mi cabello y mi apariencia. El segundo, la compra fiel de los productos “maravillosos” que se anunciaban en dichos comerciales. Ninguna de estas dos cosas resolvió mi cabello, por cierto.

Fue así, buscando un cambio que resolviera los “problemas” de mi cabello y sin la orientación apropiada, que llegué hasta el tinte. Hay que reconocer que estos productos, al mismo tiempo que nos hacen sentir distintas, logran mejorar considerablemente la apariencia del cabello. El resultado fue tan “espectacular”, que repetí el proceso religiosamente durante años, variando un poco de color a veces, y sufriendo graves desastres en el cabello cuando el cambio era muy drástico.

“¿Por qué comencé a teñirme?”, me pregunté, antes de decidirme a dejarlo.

La mejor respuesta que puedo dar, más de quince años después, es esta:

1) Porque, a los quince años, las personas en general somos impacientes, debido a nuestra inmadurez, y queremos que las cosas sucedan de inmediato. El tinte fue una “solución inmediata” y por eso me pareció tan apropiado.

2) Porque no sabía que esas cosas, compradas en “inocentes” supermercados, podían resultar perjudiciales para mi salud a largo plazo, o que contenían sustancias cancerígenas.  Y porque, tal vez, a los quince eso ni siquiera me hubiera importado. A los quince, no hay mañana y uno quiere comerse el mundo de un bocado.

3) Porque no supe valorar con justicia el hermoso cabello que tenía. La publicidad, e incluso los comentarios de alguna “amiga”, me hicieron creer que mi cabello era feo, cuando en realidad, lo único que necesitaba eran unos buenos cuidados, y una mejor orientación al respecto.”

NOTA: Gracias a “Cata C-C” por la inspiración para escribir esta historia. Como ella dijo en este artículo, “un pelo sano SIEMPRE va a verse bien, aunque seamos leonas, si tenemos el cabello brillante y humectado, se va a ver precioso”. Ojalá todas tuviésemos esto claro a los quince…

¿Y ustedes? ¿Se han teñido? ¿Cuándo lo hicieron por primera vez? ¿Qué pensaban de su propio cabello a los quince? Espero sus comentarios…

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