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Ser ama de casa implica un reto de naturaleza diversa…

El mundo no se acaba cuando sos mamá

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El mundo no se acaba cuando sos mamá

Luego de la celebración del Día de la Madre, siempre me quedo con la misma reflexión revolotéandome la cabeza: ¿es necesario “darlo todo” para ser una buena mamá?

Toda la publicidad nos dice que para ser buena mamá, hay que abocarse a un millón de sacrificios, más allá de lo humano, por encima de nuestro propio aguante. Y, si aguantamos aquello que, irónicamente, estaba “por encima del aguante”, entonces lo logramos. Somos casi santas, nos hacen reverencias (y nos merecemos una cocina o un microondas. Pffff! 😛 )

Mi experiencia como mamá no ha sido así. Y algunas veces, en especial en esta época, llego a sentirme casi culpable por no ser esa mamá que se inmola, que cambia por completo de gustos, de apariencia, de identidad; la que renuncia a todas sus necesidades personales (y casi que a su salud física y mental) para ser una buena mamá, una que se merezca un electrodoméstico el 15 de agosto.

¿Concebir la maternidad como ese intenso sacrificio, no constituye un desestímulo para que las mujeres comunes y corrientes nos decidamos a ser madres? ¿No es una forma más de reprimirnos y encajonarnos un poco como mujeres y hacernos creer que nunca seremos “lo bastante buenas” hasta que alcancemos aquellos estándares imposibles que rondan lo inhumano?

No digo que ser mamá sea fácil. Ni que una pueda seguir viviendo exactamente de la misma forma después de que llegan los hijos e hijas, como si nada hubiera pasado.

Está claro que deben haber cambios, que escogemos una cosas por otras y que no hay manera de eludir esas elecciones. Está claro que amamos y agradecemos a nuestras mamás, por el enorme compromiso que una maternidad responsable significa, pero…

El mundo no puede acabarse. Dejar de ser una misma, no puede ser la única manera de ser una buena mamá. Por el contrario, me parece que el cuidar de nosotras, darnos espacios, obtener colaboración del resto de la familia y expresar nuestra individualidad de vez en cuando, es lo que garantiza que la maternidad no se nos convierta en la experiencia traumática y frustrante a la que muchas mujeres sin hijos le tienen fobia.

NOTA: Como muestra del concepto extremo al que hago referencia, les dejo un video al final del artículo.

¿Ustedes qué opinan? ¿Hay que “dejarlo todo” para ser una buena mamá?

***

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