Problemas cotidianos. Soluciones simples.

Ser ama de casa implica un reto de naturaleza diversa…


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Conclusiones acerca de la experiencia con mi sobrino

Tengo varias cositas que decir acerca del experimento con mi hermoso sobrino…

Me ha llegado esta experiencia en un momento de mi vida muy particular. La relación que tengo a estas alturas con mi hijo, el haber aprendido ya a manejar ciertas situaciones con él, mi edad, entre otras cosas, me hubieran hecho pensar que estaba lista para tener otro hijo. Hasta que me involucré en este ejercicio…  😉

Siempre he contado con la ayuda incondicional de mi mamá para estos efectos. Si hay que cuidar de mi hijo por unas horas para que yo pueda hacer mis cosas, ella siempre está dispuesta.

Pero se juntaron varios fatores que hicieron imposible que ella me ayudara mientras me hice cargo de mi sobrino.

Entonces, aunque mi hijo va a la escuela unas horas en las mañanas, con el bebé aquí me mantenía demasiado ocupada, y en tres semanas no tuve casi tiempo para hacer mis cosas normales, como las compras o el gimnasio.

Incluso, la casa estuvo sumida en un “caos adicional” al que suele generarse, debido a esta falta de tiempo, ya que fue aquí donde me hice cargo de él.

Mis manos estuvieron atendiéndolo casi a todas horas mientras lo cuidaba, mis brazos cargándolo. Mi espalda se maltrató por la falta de costumbre, y mis brazos quedaron pesados y doloridos los primeros días. Muchos objetos iban quedando tirados en el camino, porque la atención que él me requería -en especial cuando estaba de peor humor- hizo que me enfocara sólo en él y dejara lo demás de lado. Ya había olvidado lo que se sentía no poder hacerte cargo ni de lavar un plato porque el bebé no deja de llorar mientras lo haces.

Creo que no tendré otro hijo por el momento. Voy a seguir disfrutando de las cosas lindas que logro compartir con mi pequeñito, por un rato más… 🙂

Entendí, sin embargo, que el amor es un lenguaje diverso, que no puede medirse o explicarse con los mismos criterios que otros…

Hasta ahora, no había tenido mucho tiempo de estar con él. Mi hermana no trabajó desde su nacimiento hasta ahora, y le da el pecho, así que él se había mantenido muy pegado a ella. Y, en las visitas que ella me hacía o que yo hice a su casa, él prefirió quedarse con ella por obvias razones, así que lo había tenido poco tiempo a solas.

Sin embargo, conforme pasaron los días, mi “amor de tía” pareció convencer a mi sobrino de dos cosas:

1- De que no iba a hacerle daño, que podía acercarse a mí, tocarme, acariciarme y pedirme lo que necesitaba. Incluso, que yo iba a respetar cuando dijera que no quería algo en particular.

2- Que no había motivos para desesperarse o temer. Mamá siempre volvería.

En estos días, mi hermana y su esposo salieron de mi casa “en fuga”, es decir, aprovechaban un descuido del bebé para irse sin ser vistos. Y parece que al bebé eso le causó algún nivel de inseguridad, porque entonces comenzó a llorar en cualquier lugar donde simplemente estacionaran el carro y bajaran de él. Siempre he escuchado que no debe hacerse esto a los niños, pero con esta experiencia definitivamente se comprueba que no es recomendable.

Mi hijo supo siempre que yo lo iba a dejar “solito” (evidentemente, al cuido de una persona adulta) por unas horas, cuando lo hacía. Es decir, yo me despedía de él con alguna palabra -una palabra que, tarde o temprano los niños, aun los más pequeños, terminan asociando con la despedida- y me iba enseguida. Debo decir que él nunca tuvo esos ataques de pánico e histeria que yo le vi a mi sobrinito esta vez, y eso obviamente me hizo las cosas más fáciles durante el tiempo que él todavía no hablaba o no hablaba mucho. Pero sigo creyendo que la despedida frente a frente, es decir, que al niño le quede claro que te vas un rato pero de fijo vas a volver a recogerle, es lo más saludable. Eso les da seguridad y les ayuda a tener un poco más de paciencia mientras regresas. A mi hermana le dije, pero ella prefirió seguir usando la “técnica de la desaparición”. Ni modo, yo respeto…

Finalmente, puedo decir que esta situación que he vivido con el bebito, me hizo conocerlo un poco mejor, disfrutarlo como bebé y como sobrino, y poner en práctica la paciencia que he acumulado con gran esfuerzo a causa de lo que he aprendido con mi hijo.

Aunque, como ya dije, no pienso tener un bebé por el momento, porque todavía mi hijo y yo no estamos maduros como para intentarlo, sí creo que cuando lo haga, cometeré menos errores que la primera vez, seré quizá una “mejor mamá” en segunda ronda de lo que fui en la primera.

Y, de la experiencia de mi hermana, aprendí que muchas veces quien no está preparada para la separación es una, y no los bebitos: si mamá logra mantener la calma, el bebé puede enfrentar las cosas con mayor tranquilidad también.

Me alegra mucho haber tenido la oportunidad de ayudarla en esta ocasión. Sé que logré transmitirle una tranquilidad cuando conseguí que el bebé y yo nos adaptáramos. Es también una de las cosas bonitas de tener hermanas: hay una complicidad que no tiene precio. 🙂 Además, sé que ella ha quedado muy agradecida y que sabe muy bien que lo hice con todo mi amor.

Me queda, sin embargo, la preocupación de ver acercarse el momento de volver a trabajar (quizá este año, quizá a inicios del próximo) y tener que enfrentar una separación de mi hijo de ese tipo, por periodos largos y dejando en manos de alguien más algunas cosas que hasta el momento sólo yo hago aquí en casa. Quisiera tener un clon…

PD: Me da una honda envidia (una envidia que sólo una mujer puede comprender) ver a mi hermana y a mi sobrino mientras él toma el pecho. Es una de las cosas más lindas de ser mamá.


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Día 7

El bebé se puso muy mal hoy cuando mi hermana se iba, casi como el primer día.

Y ella obviamente se puso muy triste y se preocupó, a fin de cuentas es su mamá. Se estresó mucho, y supongo que eso también ayudó a que él entrara en crisis más fácilmente.

¡Pobre! Yo de verdad que la entiendo… Yo tuve que dejar a mi hijo cuidando en guardería con apenas dos meses, para poder continuar con los estudios que estaba a punto de terminar en aquel momento. Y no hay nada tan triste como irse y dejar al bebé llorando.

Mi sobrino está más grandecito. Y eso hace las cosas más difíciles. Porque un bebé de dos meses lo cambias de brazos de una persona a otra y casi que ni se entera. Pero con él, que se da cuenta de todo, es casi imposible que deje de percibir que su mamá o su papá están a punto de irse, porque ella coge el bolso, o él recoge sus llaves del carro y cosas así.

A pesar de eso, fue sencillo calmarlo y conseguir que comiera después de que ella se fue, porque como he mencionado, el niño ya está bastante cómodo conmigo.

Yo intenté calmarla un poco, así que la llamé a su celular, y le dije: “El bebé está tranquilo, ya está comiendo. Quédate en paz”

Pero ella me dijo que estaba en un gran dilema, sobre si estar con el niño hasta esta edad en lugar de dejarlo cuidando desde más pequeño había sido lo más acertado o no. O si volver al trabajo había sido acertado o no.

Es uno de los grandes dilemas de una mamá. Y es doloroso tener que resolverlo.

Yo misma pienso que en algunos meses voy a tener que dejar la casa y comenzar a trabajar. Mi hijo ya asiste a un maternal, pero es un ratito muy pequeño en el día, y yo estoy aquí para ir a dejarlo hasta la puerta, y para ir a recogerlo a la salida. Yo preparo sus comidas, lo baño y lo atiendo en todo mientras mi esposo no está. ¿Qué pasará con él y conmigo cuando yo ya no esté aquí?


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Días 5 y 6

La experiencia con mi sobrino se ha convertido en un éxito, al menos en algunos sentidos.

Él todavía no está de acuerdo con que papá o mamá lo dejen aquí en mi casa y se vayan. Y en eso estoy totalmente de acuerdo con él: nada peor que resignarse así tan fácil. Así que sigue dando la guerra a la hora de la separación, con ese instinto de supervivencia que los niños tienen intacto.

Pero ya no tiene miedo. Y eso me hace sentir la tía más feliz del mundo…

Hemos pasado ratos deliciosos, abrazados (él es muy cariñoso a pesar de su corta edad), leyendo cuentos, experimentando cosas que para él son totalmente nuevas…

Mi hijo celoso de verme así. Yo trato de ser la misma con él y todo, pero parece que le cuesta asimilar la posibilidad de que me sonría con alguien más. 😉

Eso sí, me agota mucho andar detrás suyo todo el día. Y cargarlo… Ya no estoy acostumbrada a cargar a un niño tanto tiempo.

Mi hijo ha estado enfermito ayer y hoy, así que no ha ido a la escuela y se ha hecho más necesario conciliar los intereses de ambos a lo largo de las horas que el bebé ha estado conmigo.

He sacado algunas conclusiones de mi experimento, pero hablaré de ellas cuando haya terminado todo.


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Día 4

Hoy me las ingenié para que mi sobrino no se pusiera a llorar tanto luego de quedarse solito conmigo. Llegué a la conclusión de que si hacía que esa parte de la despedida fuera menos intensa para él, lo demás iba a ir mucho mejor.

Así que, cuando su papá llegó a dejarlo a mi casa, lo metí en el cargador para bebé y me lo llevé a dar un paseito, en lugar de esperar a que el papito se fuera.

Igual lloró, no quería separarse de su papá y sabe muy bien que cuando papá se va, eso significa muchas horas de ausencia. Pero al menos, no se puso tan mal como el jueves y viernes en la despedida.

Lo llevé a ver flores, plantas, perros y esas cosas que para ellos son nuevas…

Se calmó poco a poco, hasta que casi se durmió, entonces decidí que era buen momento para regresar.

De inmediato, cuando llegamos, comenzó a llorar otro poquito de nuevo, pero le dí algo de comer antes que se pusiera peor.

¡Y por primera vez comió como en su casa!

Espero de verdad que el día vaya mejor que los anteriores, porque me toca largo hoy…

CIERRE DEL DÍA 4

El día de hoy ha sido un rotundo éxito. He conseguido que mi sobrino haga ciertas cosas que está acostumbrado a hacer en su propia casa, como comer de cierta forma que le gusta, ayudar a recoger su ropa cuando se ensucia y cosas por el estilo. Su ánimo estuvo diferente, tranquilo, como si por fin sabía que no iba a pasar nada malo.

Pasamos un día super diferente juntos. Y lo disfrute muchísimo. 🙂

Me tocó por primera vez ir con él a recoger a mi hijo a la escuela mientras llovía, con paraguas y todo eso. ¡Ni les cuento! Casi no podía respirar entre el peso del bebé en el cargador, los aparatos para la lluvia y el bolso de mi hijo. Ojalá no llueva más a esta hora, porque estuvo dificilísimo…


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Día 3

Las cosas parecen ir un peliiiiiiiiito mejor hoy…

Mi hermana trabaja en turno corto hoy, así que espero que sea más sencillo hacerme cargo del bebé y mantenerlo tranquilo hasta la hora de regresárselo.

Ella vino a mi casa, comimos juntas con el bebé y luego se fue. A él obviamente esa idea no le gustó, pero bueno…

CIERRE DEL DÍA 3

Tal como me imaginé, y por fortuna, las cosas fueron un poco más sencillas hoy. Mi sobrino estuvo muy incómodo al principio, cuando entendió que su mamá se había ido, pero aproveché que ya había comido bien, y lo dormí. A pesar de su resistencia, conseguí calmarlo y descansó por un par de horas.

Cuando finalmente despertó, le di de comer algo, y en lugar de esperar que mi hermana viniera, lo llevé a donde ella estaba. Él estuvo de un humor bastante bueno por el camino, y cuando la vio, estuvo contento pero ya no tan ansioso como el jueves anterior.

Obviamente, para este plan tuve que pedir ayuda, porque como ya expliqué antes, no me animo mucho a andar grandes distancias sola con el bebé y mi hijo.

Fue un alivio entregárselo en brazos y verlo tan tranquilo, en lugar de llorando y fuera de quicio.

Después de eso, me vine a mi casa, muy contenta y disfrutando el paisaje con mi hermoso hijo.


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Día 2

El reto para hoy es un poco diferente…

Resulta que tengo que ir a dejar unos libros importantes, enormes y super pesados que me ha pedido mi esposo a cierto lugar que se encuentra a unos 8 kilómetros de casa, en taxi, porque no dispongo de auto en este momento. Es un negocio muy importante, me he comprometido hace tiempo con él a hacerle este favor y un gran número de etcéteras que hacen ineludible mi presencia en ese lugar.

Como me estoy haciendo cargo del bebé, y mi hermana llega casi al final de la tarde a recogerlo, NECESITO salir de la casa con él o encontrar alguien que se quede cuidándolo.

Ahora… Imagínenme, 1.65 de estatura, cargando un bebé de 8 kilos, cinco libros de 300 páginas tamaño carta con empastes de lujo, un maletín con pañales, y además con otro niño de cinco años de la mano, esperando la mínima oportunidad para salir corriendo en cualquier dirección…

He hablado anoche con mi hermana, para ver la posibilidad de que nuestra hermana menor, de quince años, se haga cargo del bebé en mi casa, por un par de horas, mientras yo voy con mi hijo a hacer esta entrega, ya que no disponemos de otra persona adulta de confianza que pueda colaborarnos a esa hora. Ella ha dicho simplemente que no le parece que ambos permanezcan solos en casa.

De cierto modo, comprendo que ella no quiera dejar a un bebé y a una menor solos en casa. Pero no deja de molestarme que no haya intentado siquiera ayudarme a encontrar una solución al respecto…

Eso me deja las siguientes opciones:

1) No ir, perder el negocio y la plata, y quedar mal con mi marido.

2) Esperar a que alguien, sea mi hermana u otra persona, pueda venir a hacerse cargo del bebé o de ambos niños al final de la tarde, con el riesgo de que el negocio no se logre y de todos modos pierda el dinero y quede mal con mi esposo y con la persona que me espera.

3) Renegar con mi hermana y conseguir que acepte dejar al bebé con nuestra hermana menor por un par de horas.

4) Dejar a mi hijo con mi hermana menor, llevarme al bebé (que ayer no logró estar a gusto de ninguna forma a andar en tumultos y oler escapes de autos), y cargar los libros junto con su peso, a riesgo de que incluso llegue a casa más tarde que mi hermana y ella deba esperar todavía más tiempo del que tenía pensado para ver a su hijo -QUE TODAVÍA TOMA EL PECHO!!!!!!!- luego del trabajo.

5) Ir con mi hijo, mi hermana menor, el bebé y los cinco libros, dejar al bebé (probablemente incómodo y lloroso) un rato pequeño con mi hermana menor en una sillita de las que encontraremos de seguro en algún recibidor de oficina, mientras entrego los libros y recojo algunas firmas, y volver a casa quizá más tarde que mi hermana, tal como sucedía con la opción 4.

¿Qué haré?