Problemas cotidianos. Soluciones simples.

Ser ama de casa implica un reto de naturaleza diversa…

El horrible día con “mi estilista”

10 comentarios

No puedo terminar de sentir una honda frustración cuando pienso en lo que pagué aquel día por todo lo que ella me hizo, y que no me dejó para nada satisfecha…

Este artículo que escribo hoy, me lo inspiró un post de Cabellos y Hierbas que acabo de leer. Así que a “C” le agradezco por la idea…

Esto me sucedió un día que fui con la que yo consideraba “mi estilista”.

Digo “mi estilista”, porque estuve con ella por ocho años, y prácticamente no dejaba que otra persona me tocara el cabello. Peor todavía, que cuando ocasionalmente alguien más me hacía el corte, me sentaba fatal.

Sucedió que, con mi esposo, llegué al acuerdo de que íbamos a ahorrar todo lo que se pudiera para un proyecto que teníamos. Como soy ama de casa (ya lo habrán notado por mis publicaciones :P), y no podía hacer un aporte en efectivo para juntar la suma que nos propusimos, entonces mi único camino era el “no gasto”.

Con este cometido, decidí que iba a reducir el dinero que estaba gastándome en el cabello, así que lo cuidaría en casa. Además, quería dejarme el cabello largo por ese tiempo, así que me servía de paso no ver a la estilista, porque ella, aunque me dejaba divino el corte, siempre acababa por quitarme más largo del que yo realmente quería.

¿Ya vieron que dicen que “todo está en internet”? ¡Pues es cierto! Busqué por toda la red, un sitio donde explicaran el modo de hacerme un corte yo misma. Encontré una idea sencilla y aceptable, que es la de la cola de caballo, y comencé a hacer el trabajo yo sola. Obviamente me llevó un par de veces antes de adquirir la técnica suficiente, pero al menos mi cabello se veía aceptable y sano, que era lo que me interesaba.

Del mismo modo, busqué en internet consejos acerca de cómo hacer decoloraciones. Más tarde le pedí ayuda a una de mis primas, que conoce algo de estilismo aunque no se dedica a ello, para que me hiciera unas iluminaciones, que llevaba mucho tiempo queriendo hacérmelas. La idea, como dije, era no gastar o gastar lo menos posible, pero también que con los cuidados correctos, mi cabello se viera bonito.

Para no cansar con el cuento, me llevé casi un año cortándome el cabello y tiñéndolo yo misma.

Llegó un momento en que me pareció que había perdido del todo la forma, sobre todo el flequillo o chasquilla. Así que pensé que ya era hora de visitar de nuevo a “mi estilista”.

En honor a la verdad, “mi estilista” era una de las que llaman “de barrio” pero muy buena con la coloración. Ya en alguna ocasión, me había hecho un trabajo que sinceramente me puso el cabello en otro nivel, y yo estuve muy satisfecha con el cambio. Así que sus capacidades estaban “probadas”.

Sucedió que saqué cita con ella aquel amargo día de enero. El tiempo estaba lindo y soleado, y yo estaba muy emocionada de que por fin había reunido el dinero suficiente para hacerle el cambio que quería en mi cabello. De nuevo, la idea era hacerme iluminaciones, que me encantan, y cambiarme el color.

No puedo terminar de sentir una honda frustración cuando pienso en lo que pagué aquel día por todo lo que ella me hizo, y que no me dejó para nada satisfecha…

Las iluminaciones quedaron de mil colores diferentes. Luego de hacérmelas, me dio tirones por todo el cabello (y ya sabemos todas lo que cuesta cuidarlo para que alguien venga a darle tirones mientras está húmedo!!!!!!!!!!) para separar los mechones, que habían quedado super enredados, y poder así colocarme el color final. El tratamiento acabó con un corte.

Cuando regresé a casa, mi esposo me hizo ver que toda mi ropa (¡que para colmo, era nueva!) estaba manchada por el producto decolorante por la parte de atrás. Y el famoso “color final” que ella me aplicó, se cayó en dos lavadas, dejando al descubierto un cabello maltratado, con un montón de puntas partidas, cabello reventado por los tirones, y unas zonas espantosas donde quedaba en evidencia el arcoiris que había dejado a su paso el decolorante.

Aunque sé que para algunas que hemos pasado algo así, todo esto puede sonar como una película de horror, con pesar les puedo decir que lo que he contado no fue lo peor de esta experiencia…

Mientras estaba sentada, recibiendo tirones en mi cabello, “mi estilista” conversaba con una amiga suya que se encontraba en el salón con ella. He de confesar que no comprendo por qué ella siempre tiene a alguien ahí, sentado, perdiendo el tiempo, pero supongo que también eso pone en evidencia que es “de barrio”.

En su conversación, “mi estilista” comenzó a lanzar indirectas acerca de las clientas que mentían, diciendo que se habían hecho las cosas ellas mismas, cuando la propia estilista se daba cuenta que no era cierto. Obviamente no hablaron en forma directa de mí, pero cualquiera puede comprender que si le acababa de decir que no la había visitado en casi un año porque estuve haciendo las cosas yo misma, y ella comienza ese tipo de conversación con su amiga… Pues no hay que ser un genio para entender.

Debo confesar que me sentí muy mal. No entiendo por qué ella pudiera pensar que yo necesitaba mentirle acerca de una tontería como esa. A fin de cuentas, si había ido con alguien más o no, era asunto mío y no tenía por qué haberlo ocultado. ¡Pero era verdad que lo hice yo sola!

¿Qué se creyó esa señora? ¿Que era la última estilista del mundo, como para tratar así a una clienta de años?

Así, con la frustración de haber pagado por un trabajo nada bueno, con la incomodidad de haber sido acusada falsamente, encima en forma “pública” (porque ella no sólo lo pensó, sino que además se lo dijo a su amiga) y con un  largo trabajo por delante para recuperar la salud de mi cabello, me busqué otro salón de belleza y decidí que no volvería con “mi estilista” nunca más.

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10 pensamientos en “El horrible día con “mi estilista”

  1. Hiciste bien! No vuelvas por ahí que tu no tienes que aguantar esos tratos. Gracias deberia de darle ella a Dios de que tu volviste despues de un año. Uno tiene que ver cosas en este mundo.

  2. Me alegra mucho haber sido de cierta forma tu inspiración. Uno paga caro las cosas que te hacen como para que se desubiquen así, más encima uno va para mejorar no para que te traten mal. Asi que por un buen tiempo le digo NO a los peluqueros.

    Besos!

  3. Opss..no te sientas sola.a muchas nos ha pasado!!! yo tambien he gastado y mucho y nunca nunca quedo satisfecha!! este año mi cabello ha sufrido.. me hise base( chinos, ondulante permanente) y me en partes me agarro afro y en otras nada… opsss me lo tenia que recoger porque suelto era un asco..despues me hice mechas.. el cabello era un estropajo y me pinte mas oscuro… en fin ahorita estoy en la etapa de que no me le voy a mover en muchio tiempo..que crezca y crezca!!!!total aunque me den ataques de ansiedad todo se resulelve con ua coleta… asi que no te mortifiques tienemos muchas compaÑeras de partido que han pasado por lo mismio

  4. Es que son un caso los peluqueros! yo he tenido un par de experiencias en cuanto a corte y en cuanto a color tambien jeje… que fea la peluquera tirando indirectas, tanto peluquero en el mundo como para que ella se pusiera con esa actitud!.. pero bueno suele pasar cosas asi, y lo que empeora la situacion es que encima te haya hecho un mal trabajo. algo de lo ultimo sufri yo, me hicieron unos reflejos que quedaron amarillo pollo, y el supuesto baño de color que me aplico para “bajarlos” se me fue a los dos lavados :S ni modo solo me quedo cubrirlo pintando de nuevo con un color para disimularlos 😦

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  7. Hola! Que triste, pareciera que tu ex-estilista lo hizo apropósito, yo odio a todas las estilistas, es mas lo que dañan que lo que cuidan.

    • ¡Hola, Bi! ¡Bienvenida al blog!

      ¡Te confieso que yo no odio a todas las personas que se dedican al estilismo, je je!. Pero sí me he vuelto mucho más reservada a la hora de recibir este tipo de servicios, además de que muchas cosas prefiero hacerlas yo misma, como habrás podido leer en algunos artículos del blog. Si algo no me gusta, simplemente no regreso más al mismo lugar o con la misma persona.

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